Recorriendo el mundo de la fantasía

Recorriendo el mundo de la fantasía. Imágenes de hadas, ninfas, elfos, duendes, seres mitológicos (egipcia, griega, romana, nórdica...), ángeles, guerreros, vikingos, cruzados, templarios, valkirias, amazonas, brujas, hechiceros, druidas, dragones, dioses, demonios, vampiros, animales, licántropos (hombre lobo), sirenas, unicornios, espíritus...

Nopperabou (el fantasma sin rostro)

LA LEYENDA DE LA LAGUNA OITEKEBORI

Nopperabou (el fantasma sin rostro)
Hace mucho, mucho tiempo, en un lugar había una laguna llamada "Oitekebori". Un día un pescador estaba pescando con su caña en dicho lugar y cuando ya había cogido muchos peces se dijo: "Ya voy a regresar".

En ese momento el pescador oyó una voz que venía desde el interior del agua.

"¡Deja los peces y vete! ¡Deja los peces y vete!"

El pescador se sorprendió mucho, tomó algunos peces y se echó a huir.

"¡Deja los peces y vete! ¡Deja los peces y vete!"

En ese momento delante de sus ojos surgió una mujer que le dijo: "Dame esos peces".

¡La mujer no tenía ojos, ni nariz, ni tampoco boca! Ella era "Nopperabou"(Fantasma que carece de ojos, nariz y boca). El pescador gritó fuerte, dejó los peces y volvió a casa huyendo.

Su esposa le preguntó: "¿Qué te pasó?"

Él le contestó: "¡Ví a Nopperabou!"

La esposa dijo: "¿Nopperabou? ¿Un fantasma que se veía así?"

La mujer empezó a acariciarse el rostro y éste se fue transformando en el de "Nopperabou".

El pescador al verla cayó desmayado en el suelo y cuando recobró el sentido se encontraba en un cementerio cerca de "Oitekebori".

La Leyenda de la Mujer de las Nieves

Cuento japonés: La Mujer de las Nieves

Mujer de las nieves (Snow woman)Hace mucho tiempo, vivían solos en una lejana montaña el cazador Mosaku y su hijo Minokichi. Mosaku era viudo, su esposa había fallecido años atrás, cuando Minokichi era aún un niño. En invierno, padre e hijo salían diariamente a cazar zorros, ciervos y osos, para vender sus pieles en la ciudad.

Cierta mañana, muy de madrugada, Mosaku y Minokichi salieron al monte, pero no lograron cazar ninguna pieza. No perdieron la esperanza y siguieron recorriendo el monte hasta que se hizo de noche, en ese momento empezó a nevar intensamente, con un viento tan frío e intenso que les impedía tenerse en pie. A duras penas lograron guarecerse en un pequeño refugio cercano. En la modesta cabaña pudieron encender fuego, calentarse y reponer fuerzas. Mientras comían, hablaron de diversos temas, hasta que en cierto momento el padre dijo:

—Minokichi, hijo mío, yo soy viejo y tú tienes ya 20 años, y desde que murió tu madre estamos muy solos y necesitamos una mujer en casa. Deberías empezar a pensar en casarte.

Pero su hijo no le escuchaba, porque se había recostado junto al fuego y ya dormía profundamente. En vista de aquello, el padre también acabó por dormirse mientras fuera la tempestad de nieve seguía sin cesar.

En mitad de la noche, el fuerte ruido de la ventisca despertó a Minokichi, que al levantarse comprobó que el fuego se había apagado. Se disponía a ir a por más leña para encenderlo de nuevo, cuando de pronto vio de pie junto a la puerta a una hermosa mujer de tez blanquísima y mirada glacial. Cuando quiso preguntarle quién era y de dónde venía, Minokichi comprobó horrorizado que no le salía la voz, como si una gran piedra le oprimiera el pecho, y que no podía moverse.

La misteriosa mujer entró en la cabaña, se acercó a Mosaku, que seguía durmiendo, se inclinó sobre él y le sopló un aire helado que le fue congelando lentamente hasta dejarle sin vida. Minokichi, entonces, recobró las fuerzas y logró gritar pidiendo auxilio.

Cuento de Miedo - El Secreto de la Muerta

EL SECRETO DEL FANTASMA
EL MISTERIO DEL ARMARIO

Fantasma femeninoHace muchos años, en la provincia de Tamba, vivió un rico mercader llamado Inamuraya Gensuké. Tenía una hija, cuyo nombre era O-Sono, muy gentil y bien dispuesta. Su padre, pensando que sería una lástima dejar pasar la niñez de su hija sin enseñarle algo más que lo que podían enseñarle los maestros del pueblo, decidió enviarla a Kyoto, al cuidado de unos servidores, para que pudiese recibir las enseñanzas que se daban en la capital a las jóvenes de las clases altas. Después de haber recibido completa y refinada instrucción, se casó con un amigo de su padre, también mercader, llamado Nagaraya. Durante casi cuatro años vivieron felices, y su dicha aumentó con el nacimiento de un hijo. Pero al llegar al cuarto año de su matrimonio, enfermó y, al poco tiempo, murió.

En la noche que siguió a la del funeral, el niño sorprendió a toda la familia diciendo que su madre había vuelto y que estaba en la habitación de arriba. Ella le había sonreído, pero no había querido hablarle, y él se había asustado, echando a correr. Algunos miembros de la familia subieron a la habitación que había sido de O-Sono, donde el niño decía haberla visto. Cuando entraron en ella se quedaron sorprendidos al ver la figura de la muerta, alumbrada débilmente por la luz de una pequeña lámpara que ardía delante del butsudan. O-Sono se hallaba frente al armario que aún contenía todos sus adornos y vestidos. Los hombros y la cabeza de la difunta eran perfectamente visibles; pero desde la cintura para abajo su cuerpo se perdía en el vacío, adelgazándose de una manera asombrosa. Parecía un reflejo imperfecto, con esa oscura transparencia que tienen las sombras en el agua. Sus parientes, aterrados, abandonaron precipitadamente la habitación.

Apenas repuestos del susto, deliberaron sobre el asunto y la madre de Nagaraya dijo:

- Las mujeres se apegan mucho a sus ropas y pertenencias, y O-Sono sentía gran cariño por las suyas. Quizás haya regresado para contemplarlas otra vez. Infinidad de muertas hacen lo mismo, cuando sus cosas no se entregan al templo. Si nosotros llevamos al templo los vestidos y los ceñidores de O-sono, su espíritu hallará por fin reposo.

Leyenda oriental - LA ESPOSA KITSUNE

CUENTO JAPONES: LA ESPOSA KITSUNE

Zorro de cola roja (Red fox)
Hace mucho tiempo existía una pequeña y solitaria casa en lo profundo de los bosques del Norte de Japón. La casa era el hogar de un cazador, quien solía alimentarse con los conejos, aves y otras presas que se encontraban en aquellas montañas y bosques. Como cabría esperar de un hombre viviendo sólo en las profundidades de uno de los ya de por sí más solitarios parajes de Japón, el cazador vivía al día; si no era capaz de encontrar algún ave, un jugoso conejo o algún otro animal, no tendría nada que comer a excepción de algunos magros vegetales que él mismo cultivaba.

Un día de otoño, muy parecido a cualquier otro, el hombre se encontraba cazando en los bosques, en una montaña llamada Shinoda-ga-mori. Él podía sentir que algo no andaba bien. Desde hacía varias semanas las manadas de animales habían estado escaseando, al igual que las aves, lo que le hacía cuestionarse:

¿Adónde habrán ido todos los animales?

Consternado continuó su camino hasta llegar a un arroyo en donde se encontró con un zorro. Los zorros no son muy buenos para comer por su puesto, su carne es poca, pero ante tanta necesidad poca carne era mejor que no tener carne alguna. Al igual que el cazador, el zorro se veía hambriento y delgado, aunque no por eso perdía su magnificencia: su piel era gruesa y su cola -de un rojo intenso- era prueba de que éste ejemplar había visto ya varios inviernos. El cazador preparó su rifle. El zorro, que hasta entonces había estado bebiendo agua del riachuelo sin percatarse de la presencia del hombre, levantó la vista justo antes que éste tirara del gatillo. El cazador dudó, y el zorro se sentó lentamente sobre sus patas traseras, sin apartar nunca la vista del hombre, y juntó sus patas delanteras como si estuviera rezando, implorándole al cazador por su vida. El hombre se quedó perplejo: nunca antes en todos sus años de cazador -que no eran pocos- había visto tal comportamiento. El cazador sabía que lo único que tenía que hacer era tirar del gatillo para disfrutar de su cena más una piel abrigadora para los meses de invierno. El zorro parecía saberlo también, y esto de alguna manera conmovió el corazón del cazador quien lo dejó ir.

El zorro hizo una rápida reverencia y se alejó dejando al cazador anonadado, preguntándose qué había hecho y con el estómago gruñéndole. La noche comenzó a caer y el cazador tuvo que regresar a su casa sin nada más que las últimas verduras que le quedaban para acallar su hambre. El cazador estaba acostumbrado a vivir en aquellas tierras solo, con alguna ocasional visita de algún leñador que pasara por las cercanías o fugitivos, por lo que se sorprendió cuando alguien llamó a su puerta, y más sorprendido quedó de ver que era una mujer la que se encontraba afuera.

Cuento Japones - EL FANTASMA DE LA NIEVE

EL FANTASMA DE LA NIEVE

Espiritu de la nieve. Fantasma de la tormenta invernalEn el pueblo de Hoi, una aldea de apenas once casas, todas muy pobres, vivía Kyuzaemon. Él era muy pobre, y doblemente desafortunado porque había perdido al mismo tiempo a su hijo y a su esposa. Llevaba una vida solitaria.

En el atardecer del día 19 de enero del tercer año de Tenpo, es decir, 1833, una tremenda tormenta de nieve se abatió sobre la zona.

El cerró las contraventanas, y se instaló en casa lo más confortable que pudo. Hacia las once de la noche le despertó un ruido como de arañazos en la puerta; era un ruido muy peculiar, y se oía a intervalos regulares.

Kyuzaemon se incorporó en la cama, miró hacia la puerta, sin saber qué pensar de aquél ruido. Los arañazos volvieron de nuevo, y con ellos la suave voz de una mujer. Pensando que pudiera ser la hija de uno de sus vecinos buscando ayuda, Kyuzaemon saltó de la cama; pero cuando llegó a la puerta sintió miedo de abrirla. Las voces y los arañazos comenzaron de nuevo justo cuando estaba junto a la puerta, y él contestó con una voz atribulada: ¿Quién eres tú? ¿Qué quieres?.

- ¡Abre la puerta! ¡Abre la puerta! Llegaba la voz desde fuera. ¡Abre la puerta!.

- No, hasta que sepa quién eres tú y qué haces tan tarde en una noche como ésta.

- Pero tienes que dejarme entrar. ¿Cómo puedo seguir adelante en una noche de nieve como ésta?. No busco comida, solamente refugio.

- Lo siento; pero no tengo futones ni sitio para dormir. No es posible que te quedes en mi casa.

- No quiero futones ni sitio para dormir, solamente refugio. Suplicó la voz.

- No puedo dejarte entrar de ninguna manera, grito Kyuzaemon. Es demasiado tarde y va contra las costumbres y la ley.

Historia de Terror Japones - La Fantasma Mordida

EL FANTASMA MORDIDO

Relato de terror - Foto de la fantasma mordida. Espiritu sexy (Horror story - The bite ghost. sexy spirit)He aquí la historia que me contó Chen Lin-Cheng: Un viejo amigo suyo estaba echado a la hora de la siesta, un día de verano, cuando vio medio dormido, la vaga figura de una mujer que, eludiendo la portera, se introducía en la casa, vestida de luto; cofia blanca, túnica y falda de cáñamo. Se dirigió a las habitaciones interiores y el viejo, al principio, creyó que era una vecina que iba a hacerles una visita; después reflexionó: «¿Cómo se atrevería a entrar en la casa del prójimo con semejante indumentaria?».

Mientras permanecía sumergido en la perplejidad, la mujer volvió sobre sus pasos y penetró en la habitación. El viejo la examinó atentamente: la mujer tendría unos treinta años; el matiz amarillento de su piel, su rostro hinchado y su mirada sombría le daba un aspecto terrible. Iba y venía por la habitación, sin intención ninguna, al parecer, de abandonarla; incluso se acercaba a la cama. Él fingía dormir para mejor observar cuanto hacía. De pronto, ella se levantó un poco la falda y saltó a la cama, sentándose en el vientre del viejo; parecía pesar tres mil libras. El viejo conservaba por completo la lucidez, pero cuando quiso levantar la mano se encontró con que la tenía encadenada; cuando quiso mover un pie, lo tenía paralizado. Sobrecogido de terror, trató de gritar, pero, desgraciadamente, no era dueño de su voz. La mujer, mientras tanto, le olfateaba la cara, las mejillas, la nariz, las cejas, la frente. En toda la cara sintió su aliento, cuyo soplo helado le penetraba hasta los huesos. Imaginó una estratagema para librarse de aquella angustia: cuando ella llegara al mentón, él trataría de morderla. Poco después ella, en efecto, se inclinó para olerle la barbilla y el viejo la mordió con todas sus fuerzas, tanto que los dientes penetraron en la carne.

Cuento japones: EL CEREZO DE LA NODRIZA

RELATO JAPONES
EL CEREZO DE LA NODRIZA
El cerezo de la nodriza (The cherry tree of the nanny)
Hace trescientos años, en la aldea de Asamimura, distrito de Onsengôri, provincia de Iyô, vivía un buen hombre llamado Tokubei. Este Tokubei era la persona más rica del distrito y el jefe de la aldea. La suerte le sonreía en muchos aspectos, pero alcanzó los cuarenta años de edad sin conocer la felicidad de ser padre. Afligidos por la esterilidad de su matrimonio, él y su esposa elevaron muchas plegarias a la diosa Fudô-myô-ô, que tenía en Asamimura un famoso templo, llamado Saihôji.

Fudô no desatendió sus plegarias, y al cabo de un tiempo, la mujer de Tokubei dio a luz a una preciosa niña a la que llamaron O-Tsuyu. No obstante, como la leche de la madre era deficiente, tuvieron que contratar a una nodriza, llamada O-Sodé, para que alimentara a la pequeña.

Pasaron los años, y O-Tsuyu se convirtió en una hermosa muchacha. Por desgracia, a los quince años cayó gravemente enferma y los médicos juzgaron inevitable su muerte. La nodriza O-Sodé, que amaba a O-Tsuyu con auténtico amor materno, fue entonces al templo Saihôji y fervorosamente rogó a la diosa Fudô por la salud de la niña. Todos los días, durante dos semanas, acudió al templo y oró a la diosa; al cabo de ese lapso, O-Tsuyu se recuperó súbita y totalmente.

Hubo, pues, gran regocijo en casa de Tokubei, el cual decidió dar una gran fiesta para celebrar el feliz acontecimiento. Pero en la noche de la fiesta O-Sodé cayó súbitamente enferma, y a la mañana siguiente, el médico que había acudido a atenderla anunció que la nodriza agonizaba.

Abrumada por la pena, la familia se congregó alrededor del lecho de la moribunda para despedirla. Pero ella les dijo:

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