Recorriendo el mundo de la fantasía

Recorriendo el mundo de la fantasía. Imágenes de hadas, ninfas, elfos, duendes, seres mitológicos (egipcia, griega, romana, nórdica...), ángeles, guerreros, vikingos, cruzados, templarios, valkirias, amazonas, brujas, hechiceros, druidas, dragones, dioses, demonios, vampiros, animales, licántropos (hombre lobo), sirenas, unicornios, espíritus...

OJO CON LAS APARIENCIAS Y LAS FALSAS SEÑALES

OJO CON LAS APARIENCIAS Y LAS FALSAS SEÑALES

Monje budista. Luz para el almaCuando un monje vagabundo propone un debate sobre un aspecto del budismo a los monjes de un Monasterio, si vence en dicho debate tiene derecho a quedarse en tal Monasterio; pero si sale derrotado, tendrá que abandonarlo.

Dos monjes budistas, hermanos entre sí, vivían en uno de estos Monasterios. El mayor estaba muy instruido en todos los temas budistas, mientras que el otro a duras penas entendía los aspectos más básicos de su filosofía; además, era tuerto.

Un día llegó cierto monje vagabundo a este monasterio, buscando alojamiento y comida por un pequeño periodo de tiempo. Solicitó tener un debate con sus moradores sobre la enseñanza suprema del Buddha Gautama. Como el mayor de los hermanos no se encontraba aquel día muy bien, le pidió al menor que se encargara de este monje mendicante, con la consigna de que hablase lo menos posible, pues conocía la escasez de conocimientos de su hermano menor.

El menor de los hermanos se enfrentó en un duro y corto debate con el monje vagabundo, tras lo cual este último fue a felicitar al hermano mayor por la suerte que tenía de contar con un compañero tan docto. El hermano mayor pidió al vagabundo que le contase como se había desenvuelto el dichoso debate, ya que estaba perplejo ante los comentarios de este monje sobre su hermano, al que consideraba más bien corto de luces.

"Pues bien", comenzó el monje vagabundo, "tu hermano me pidió que el debate transcurriera en silencio, ante lo cual yo levanté mi dedo índice para representar al Buddha, a lo que tu hermano levanto dos dedos, dando a entender de esta manera que una cosa era el Buddha y otra distinta su enseñanza. Entonces yo levanté tres dedos, para representar al Buddha, el Dharma (sus enseñanzas) y la Sangha (la comunidad de fieles). Su respuesta fue un puñetazo directo a mi cara, a la usanza de los antiguos maestros, quedándome claro de esta manera que todo procede de la Mente Única. Así que debo marcharme al haber sido derrotado". Acto seguido, el monje vagabundo abandonó el Monasterio, dejando atónito al hermano mayor, que hasta ese día había tenido a su joven hermano por persona de poco entendimiento.

La niñera fantasma. Yūrei, cuento japones

Yūrei - La niñera fantasma

Los yūrei son fantasmas japoneses. Como sus similares occidentales, se piensa que son espíritus apartados de una pacífica vida tras la muerte debido a algo que les ocurrió en vida, falta de una ceremonia funeraria adecuada, o por cometer suicidio. Usualmente aparecen entre las dos de la madrugada y el amanecer, para asustar y atormentar a aquellos que les ofendieron en vida, pero sin causar daño físico. Tradicionalmente, son femeninos, y están vestidos con una mortaja, un kimono funerario, blanco y abrochado al revés. Normalmente carecen de piernas y pies, y frecuentemente están acompañados por dos fuegos fatuos, de colores azul, verde o púrpura. Son representados con cabello largo y negro.Hace mucho, mucho tiempo, en un pueblo había una tienda de caramelos. Muy tarde, en una noche de verano, se acercó a la tienda una mujer y dijo al vendedor: "Por favor deme caramelos".

El rostro de la mujer era desconocido para el vendedor quien no la había visto antes en el pueblo. A partir de entonces, la mujer venía todas las noches a una hora muy avanzada.

Un día vino un amigo del vendedor quien vivía en un pueblo vecino. Se quedaron conversando hasta altas horas de la noche. En ese momento, como siempre, vino la mujer. El amigo al verla se sorprendió y empezó a temblar. Después de que la mujer se retirara, el vendedor le preguntó a su amigo: "¿Qué te pasó?"

Este respondió: "Ella es la esposa de Matsukichi que vive en mi pueblo. Pero ella murió hace un mes....."

El vendedor se sorprendió mucho y exclamó: "¿Es ella un fantasma? ¿Por qué compra caramelos? ¡Vamos a seguirla!", y así lo hicieron. Ella se dirigía al pueblo vecino y al llegar desapareció en un cementerio.

Ellos al ver eso, contaron lo que habían visto al superior de un templo budista. Este les dijo: ¿De veras? ¡Vamos a ver!" y entraron al cementerio.

Se sorprendieron mucho al ver a un bebé llorando frente a una tumba. El bebé había sido abandonado. El superior les dijo: "¡Miren, esta tumba pertenece a la esposa de Matsukichi! Ella ha estado cuidando a este bebé con caramelos. Ella era muy afectuosa, por eso quería salvar la vida a este bebé".

El vendedor dijo: "¡Ah! En este pueblo todos conocían a la señora Matsukishi, es por eso que iba a mi tienda a comprar".

El superior se dirigió a ella: "Voy a criar a este bebé por eso ya no te preocupes".

Desde entonces nadie la volvió a ver.

Cuento - UGUISU CHOUJYA

HISTORIA ORIENTAL. UGUISU CHOUJYA

Vendedor ambulanteHace mucho, mucho tiempo, había un hombre que andaba vendiendo objetos menudos de puerta en puerta. Un día no pudo vender nada y caminando y caminando, sin darse cuenta, entró en un bosque y se extravió.

Estaba vagando por el bosque y de repente aparecieron cuatro chicas bonitas que le invitaron a su casa. En casa estaba la madre de las chicas, quien le propuso al hombre: "Le compraré todos sus objetos pero por favor cásese con mi hija mayor".

El se puso muy contento y feliz. Aquellos alegres días transcurrieron como si se tratara de un sueño.

Un día la madre le dijo: "Hoy hace buen tiempo y quisiera salir un momento con mis hijas. Por favor espéranos y si no tienes nada que hacer puedes recorrer todas las habitaciones de la casa, pero por favor, no entres en la cuarta habitación".

"Está bien", dijo el hombre. Y ellas salieron.

El hombre se quedó esperando sentado el regreso de las chicas. En eso decidió hacer un recorrido por las habitaciones, tal como se lo había dicho la mamá.

Abrió la puerta de la primera habitación y al ver su interior quedó muy sorprendido. En ella había un paisaje de verano.

El exclamó: "¡Qué paisaje tan hermoso!". Un mar bonito, cielo azul, nubes blancas y el sonido de las olas...

Él se embelesó mucho y decidió abrir la segunda puerta. En ese lugar había un paisaje de otoño.

Él se dijo: "¡Este lugar también es muy bonito!"

Enrojecimiento de las hojas de los árboles y la brisa refrescante... Continuó con la siguiente puerta.

En esta tercera habitación había un paisaje de invierno. Estaba nevando mucho y hacía mucho frío por lo que decidió cerrar inmediatamente la puerta. Al fin vino la cuarta habitación.

LA PROMESA ROTA

Relato: La Promesa Rota

Arbol de ciruelo japones—No tengo miedo de morir— dijo la esposa moribunda. —Hay sólo una cosa que me preocupa ahora. Me gustaría saber quién va a tomar mi lugar en esta casa.

—Querida mía—, respondió el apenado marido, —nadie tomará nunca tu lugar en mi casa. No pienso volver a casarme jamás.

Hablaba con toda sinceridad, ya que amaba a la mujer que estaba a punto de perder.

—¿Palabra de samurái?— preguntó ella, con una débil sonrisa.

—Palabra de samurái— respondió él, acariciando el rostro delgado y pálido de su esposa.

—Entonces, querido mío—, respondió ella, —entiérrame en el jardín, cerca de esos ciruelos que plantamos al fondo. ¿Lo harás? Hace mucho tiempo que te lo quería pedir, pero temía que si te casabas de nuevo no querrías tener mi tumba tan cerca. Ahora que me has prometido que otra mujer no ocupará mi lugar, no dudo en hacerte saber mi voluntad... ¡Deseo tanto que me entierres en el jardín! Creo que allí a veces podré oír tu voz y contemplar las flores en primavera.

—Tus deseos se cumplirán— dijo él, pero por favor, no hables ahora de entierros, no estás tan enferma como para perder todas las esperanzas.

—No, ya no hay nada que hacer, moriré hoy por la mañana. ¿De verdad que me enterrarás en el jardín, a la sombra de los ciruelos que plantamos?

—Te lo prometo, tendrás una tumba preciosa.

—¿Podrás ponerme en el ataúd una campanilla? ¿Una de esas que llevan los peregrinos budistas?

—Tendrás la campanilla, y todo lo que desees.

—Ya no preciso nada más, querido mío. Siempre has sido muy bueno conmigo. Ahora puedo morir feliz.

La Resurreccion de O-Tei. La Muchacha Prometida


La Historia de O-Tei

La Resurreccion de O-Tei. La Muchacha PrometidaHace mucho tiempo, en la ciudad de Niigata, provincia de Echizen, vivía un hombre llamado Nagao Chôsei. Era hijo de un médico y como tal había sido educado para ejercer la profesión de su padre. A temprana edad se había comprometido con una muchacha llamada O-Tei, hija de un amigo de su padre; ambas familias habían acordado que la boda se realizaría tan pronto como Nagao culminara sus estudios. Pero la salud de O-Tei era muy frágil, y a los quince años enfermó gravemente.

Al sentir que su muerte era inevitable, O-Tei llamó a Nagao para despedirse. En cuanto él se arrodilló ante el lecho, la muchacha le dijo:

—Querido Nagao, estamos mutuamente comprometidos desde nuestra infancia, y debíamos habernos casado a finales de este año. Pero voy a morir, y los dioses saben que en mi estado es lo mejor para ambos. Si viviera algunos años más sólo te podría causar problemas y disgustos. Con este cuerpo tan débil, no podría ser una buena esposa, y sería, por tanto, muy egoísta por mi parte desear vivir para no abandonarte. Estoy resignada a la muerte, y quiero que me prometas que no vas a lamentarla. Además, he de decirte que volveremos a encontrarnos.

—Claro que sí— respondió Nagao con fervor. Y en esa Tierra Pura no volveremos a separarnos nunca más.

—No, no— replicó ella con suavidad -, no me refiero a la Tierra Pura. Creo que estamos destinados a encontrarnos una vez más en este mundo, aunque mañana han de sepultarme.

Nagao la observó con perplejidad y advirtió que ella sonreía. O-Tei prosiguó, con voz lánguida y evanescente:

—Sí, quiero decir en este mundo y en esta vida, Nagao. Siempre, por supuesto, que tú lo desees. Para que esto ocurra, nuevamente he de nacer y alcanzar la mayoría de edad, de modo que tendrías que esperar. Quince, dieciséis años, es mucho tiempo. Pero, prometido mío, tú sólo tienes diecinueve.

Nopperabou (el fantasma sin rostro)

LA LEYENDA DE LA LAGUNA OITEKEBORI

Nopperabou (el fantasma sin rostro)
Hace mucho, mucho tiempo, en un lugar había una laguna llamada "Oitekebori". Un día un pescador estaba pescando con su caña en dicho lugar y cuando ya había cogido muchos peces se dijo: "Ya voy a regresar".

En ese momento el pescador oyó una voz que venía desde el interior del agua.

"¡Deja los peces y vete! ¡Deja los peces y vete!"

El pescador se sorprendió mucho, tomó algunos peces y se echó a huir.

"¡Deja los peces y vete! ¡Deja los peces y vete!"

En ese momento delante de sus ojos surgió una mujer que le dijo: "Dame esos peces".

¡La mujer no tenía ojos, ni nariz, ni tampoco boca! Ella era "Nopperabou"(Fantasma que carece de ojos, nariz y boca). El pescador gritó fuerte, dejó los peces y volvió a casa huyendo.

Su esposa le preguntó: "¿Qué te pasó?"

Él le contestó: "¡Ví a Nopperabou!"

La esposa dijo: "¿Nopperabou? ¿Un fantasma que se veía así?"

La mujer empezó a acariciarse el rostro y éste se fue transformando en el de "Nopperabou".

El pescador al verla cayó desmayado en el suelo y cuando recobró el sentido se encontraba en un cementerio cerca de "Oitekebori".

La Leyenda de la Mujer de las Nieves

Cuento japonés: La Mujer de las Nieves

Mujer de las nieves (Snow woman)Hace mucho tiempo, vivían solos en una lejana montaña el cazador Mosaku y su hijo Minokichi. Mosaku era viudo, su esposa había fallecido años atrás, cuando Minokichi era aún un niño. En invierno, padre e hijo salían diariamente a cazar zorros, ciervos y osos, para vender sus pieles en la ciudad.

Cierta mañana, muy de madrugada, Mosaku y Minokichi salieron al monte, pero no lograron cazar ninguna pieza. No perdieron la esperanza y siguieron recorriendo el monte hasta que se hizo de noche, en ese momento empezó a nevar intensamente, con un viento tan frío e intenso que les impedía tenerse en pie. A duras penas lograron guarecerse en un pequeño refugio cercano. En la modesta cabaña pudieron encender fuego, calentarse y reponer fuerzas. Mientras comían, hablaron de diversos temas, hasta que en cierto momento el padre dijo:

—Minokichi, hijo mío, yo soy viejo y tú tienes ya 20 años, y desde que murió tu madre estamos muy solos y necesitamos una mujer en casa. Deberías empezar a pensar en casarte.

Pero su hijo no le escuchaba, porque se había recostado junto al fuego y ya dormía profundamente. En vista de aquello, el padre también acabó por dormirse mientras fuera la tempestad de nieve seguía sin cesar.

En mitad de la noche, el fuerte ruido de la ventisca despertó a Minokichi, que al levantarse comprobó que el fuego se había apagado. Se disponía a ir a por más leña para encenderlo de nuevo, cuando de pronto vio de pie junto a la puerta a una hermosa mujer de tez blanquísima y mirada glacial. Cuando quiso preguntarle quién era y de dónde venía, Minokichi comprobó horrorizado que no le salía la voz, como si una gran piedra le oprimiera el pecho, y que no podía moverse.

La misteriosa mujer entró en la cabaña, se acercó a Mosaku, que seguía durmiendo, se inclinó sobre él y le sopló un aire helado que le fue congelando lentamente hasta dejarle sin vida. Minokichi, entonces, recobró las fuerzas y logró gritar pidiendo auxilio.

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