Recorriendo el mundo de la fantasía

Recorriendo el mundo de la fantasía. Imágenes de hadas, ninfas, elfos, duendes, seres mitológicos (egipcia, griega, romana, nórdica...), ángeles, guerreros, vikingos, cruzados, templarios, valkirias, amazonas, brujas, hechiceros, druidas, dragones, dioses, demonios, vampiros, animales, licántropos (hombre lobo), sirenas, unicornios, espíritus...

Cuento: EL MONTE KACHIKACHI

EL MONTE KACHIKACHI

Hace mucho tiempo vivían en un pequeño pueblo un anciano labrador y su esposa, a quienes no
Anciano labrador japones
dejaba de atormentar un malvado tanuki. Éste bajaba de la montaña cada noche y se dedicaba a estropear los campos y pisotear y arrancar todas las plantas que con tanto esmero habían sido sembradas. El pobre hombre se enfurecía mucho cada vez que esto sucedía, pero no había forma de atrapar al autor de aquellas diabluras para castigarle.

Cierto día estaba el labrador en plena faena, cuando vio sentado detrás suyo a un tanuki, que se reía de él viéndolo trabajar con tanto ahínco.

- ¡Viejo estúpido! - le dijo el animal -, ¿por qué te molestas? Trabajas en vano, porque yo me encargaré luego de que no quede nada de lo que has sembrado.

El viejo comprendió que aquel tanuki era el causante de los daños en sus campos, y agarrando un palo, se lanzó a por él, pero el animal ya había huido.

La escena se repitió al día siguiente. El hombre bajó a su sembrado y se puso a labrar como siempre. Al poco rato volvió a aparecer el tanuki, que empezó de nuevo a mofarse de él.

- ¡Qué risa me das! ¡Mírate ahí, trabajando para nada! ¡Viejo tonto, toda tu cosecha se pudrirá y morirás de hambre!

Cuento japones: MOMOTARO

MOMOTARO


Hace mucho, mucho tiempo, en algún lugar vivía una pareja de ancianos.
Pareja de ancianos japoneses

Un día el anciano salió a la montaña a recoger leña mientras que la ancianita fue al río para lavar ropa, en eso un enorme melocotón bajaba por el río, aguas abajo.

Ella lo recogió y se lo llevó a casa. El anciano al llegar a casa se sorprendió al ver tan enorme melocotón! y dijo: "¡Qué melocotón tan grande!, ¿lo cortamos? y la anciana contestó: "¡Sí, vamos a cortarlo!"

En ese momento el melocotón empezó a moverse y de su interior salió un niño.

Los ancianos se sorprendieron al ver a un niño salir de aquel enorme melocotón, y a la vez, una gran alegría los embargó al ver en él al hijo que no tenían.

"¡Lo llamaremos Momotaro! porque nació de un "momo" (melocotón).

Momotaro comía mucho y creció fuerte y robusto. Nadie podía rivalizar con él, pero había algo que preocupaba a los ancianos, éste no pronunciaba ni una sola palabra.

Leyenda: EL MILANO Y EL CUERVO

EL MILANO Y EL CUERVO

Hace mucho, mucho tiempo, todas las aves eran de color blanco y se parecían mucho. Las madres
Historia japonesa: El milano y el cuervo
tenían problemas para identificar a sus crías.

Un día un milano pensó: "Debe haber algún remedio" y en eso dijo: "¡Voy a colorear mis plumas!"

El milano hizo una tintura con unas plantas y coloreó sus plumas de marrón. "¡Muy bien! ¡Muy bonito!" se dijo a sí mismo.

Al día siguiente el milano se dirigió a todas las aves: "¡Vamos a colorearnos las plumas! ¡Yo soy el tintorero!"

Al ver al milano, todas las aves dijeron: "¡Mira, su pluma es muy bonita. Yo también quiero tener color!"

Leyenda: KOBUTORI JIISAN

KOBUTORI JIISAN

Hace mucho, mucho tiempo, vivía un anciano en un pueblo. El nació con un chichón en la mejilla del
KOBUTORI JIISAN, el anciano japonés que bailó con los demonios
cual no se preocupaba para nada. Era muy optimista.

En el mismo pueblo vivía otro anciano que también tenía un chichón en la mejilla, pero éste siempre estaba enfadado porque se acomplejaba de su defecto.

Un día el anciano optimista fue a cortar leña al bosque, pasado un momento empezó a llover y decidió descansar un poco. Durmió profundamente pero se despertó al oír un ruido extraño en plena noche. Se sorprendió mucho al ver a unos demonios celebrando una fiesta muy cerca de ahí.

Estaban armando un gran alboroto cantando, bebiendo y bailando.

El anciano al comienzo tenía mucho miedo por lo que decidió seguir viendo a escondidas, pero no pudo contener sus ganas de bailar pues le parecía muy agradable todo aquello.

Los demonios se sorprendieron al verlo pero continuaron bailando porque su danza era muy interesante. Pasaron un rato agradable hasta que cantó el primer gallo.

Leyenda: La Historia de KINTARO

KINTARO

Hace mucho, mucho tiempo, en algún lugar nació un niño llamado Kintaro.
La palabra samurái (samurai o samuray) generalmente se utiliza para designar una gran variedad de guerreros del antiguo Japón, aunque bien su verdadero significado es "el que sirve" de una élite militar que gobernó el país durante cientos de años. Históricamente la imagen de un samurái estuvo más relacionada con la de un arquero a caballo que con la de un espadachín, y no fue sino hasta que reinó una relativa paz que la espada adquirió la importancia con la que se la relaciona actualmente; la fantasía y la realidad de los samuráis se ha entremezclado e idealizado y sus historias han servido de base tanto de novelas, como de películas e historietas.

Kintaro creció fuerte y robusto y nadie podía rivalizar con él.

Siempre andaba con unos animales de montaña. Ellos eran sus amigos y con ellos practicaba sumo todos los días.

Un día, Kintaro y sus amigos fueron a la montaña de enfrente para recoger unas castañas. Allí había muchos castaños.

De repente apareció un oso grande que se dirigió a ellos: "¡Esta montaña es mía! ¡y también lo son esas castañas! pero si me vencen en una lucha de sumo ¡se las daré!"

Los animales se horripilaron, pero Kintaro respondió: "¡Yo seré tu contrincante!" y empezaron a luchar.

Leyenda: EL BUDHA DE MADERA

EL BUDHA DE MADERA

Hace mucho, mucho tiempo, vivía un hombre muy rico que se pasaba todo el tiempo lustrando y
En la mitología hinduista, Budha es el nombre del planeta Mercurio, hijo del dios Chandra (dios de la Luna) con su esposa Tara o Rójini. También es el dios de la mercancía y protector de los comerciantes. No se debe confundir con Buda (o Buddha), el religioso nepalí fundador del budismo.
lustrando un budha de oro del cual hacía alarde mostrándolo a todo el mundo. En su casa vivía un joven muy trabajador cuya labor consistía en preparar el baño.

Un día, cuando el joven iba a la montaña en busca de leña, encontró un trozo de madera que tenía la forma de un budha. El joven, al verlo, lo recogió y desde ese momento todos los días oraba ante el budha de madera, pues sentía que lo protegía.

Un día, uno de los empleados que quería congraciarse con el hombre rico se le dirigió diciendo: "Su budha de oro es magnífico. ¿Por qué no organiza una pelea de sumo con el budha de madera? De todas maneras ganará el suyo."

El hombre le respondió: "¡Sí. Por supuesto!" y llamó al joven del budha de madera y le propuso: "Si tu budha gana al mío te regalaré toda mi fortuna y todos los días te prepararé el "furo" (el baño).

Leyenda: LOS SEIS JIZOS Y LOS SOMBREROS DE PAJA

LOS SEIS JIZOS Y LOS SOMBREROS DE PAJA (Kasako Jizô)

Érase una vez un abuelito y una abuelita. El abuelito se ganaba la vida haciendo sombreros de paja.
Jizo es alguien que está en el camino de la budeidad. De este modo se usó extensivamente para referirse al tiempo de Buda previo a su iluminación. Así, su vida o anteriores vidas son personificadas como una serie de pruebas existenciales cuya resolución lo irá acercando a realizar la completa iluminación.
Los dos vivían pobremente, y un año al llegar la noche vieja no tenían dinero para comprar las pelotitas de arroz con que se celebra el Año Nuevo. Entonces, el abuelito decidió ir al pueblo y vender unos sombreros de paja. Cojió cinco, se los puso sobre la espalda, y empezó a caminar al pueblo.

El pueblo caía bastante lejos de su casita, y el abuelito se llevó todo el día cruzando campos hasta que por fin llegó. Ya allí, se puso a pregonar:

"¡Sombreros de paja, bonitos sombreros de paja!
¿Quién quiere sombreros?"

Y mira que había bastante gente de compras, para pescado, para vino y para las pelotitas de arroz, pero, como no se sale de casa el día de Año Nuevo, pues, a nadie le hacía falta un sombrero. Se acabó el día y el pobrecito no vendió ni un solo sombrero. Empezó a volver a casa, sin las pelotitas de arroz.

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