Recorriendo el mundo de la fantasía

Recorriendo el mundo de la fantasía. Imágenes de hadas, ninfas, elfos, duendes, seres mitológicos (egipcia, griega, romana, nórdica...), ángeles, guerreros, vikingos, cruzados, templarios, valkirias, amazonas, brujas, hechiceros, druidas, dragones, dioses, demonios, vampiros, animales, licántropos (hombre lobo), sirenas, unicornios, espíritus...

La hermosura del Dios Apolo

Apolo, un dios Olimpico
Cuentan las leyendas que el dios Apolo era muy bello y siempre se le representaba en plena juventud. Además, su atractivo no sólo era físico, sino que tenía también ciertas cualidades de tipo moral y, en cualquier caso, llamaba la atención por su gracia y su prestancia. "Era un dios semejante al más bello y viril de los mortales, pleno de savia y vigor, siempre joven; una cabellera abundante se esparcía por sus anchos hombros" (Himno a Apolo).

No obstante toda su belleza y fortaleza, Apolo no pudo enamorar, como ya hemos visto, a la ninfa Dafne, aunque no le sucedió lo mismo con la hermosísima Cirene, a quien Apolo conoció cuando guardaba los rebaños de su padre, rey de los lapitas, que se hicieron célebres por luchar contra los centauros.

Esta ninfa tesalia prefería cazar a cualquier otra diversión, con lo que ya tenía algo en común con Apolo, reconocido como un gran cazador. En cierta ocasión, la ninfa Cirene se enfrentó a una peligrosa pieza.

Nada menos que a un león, y ni siquiera utilizó en la refriega arma alguna. Apolo observaba la feroz lucha y vio como la ninfa logró matar al león. Al instante se enamoro de ella, y siguiendo el consejo de un veloz centauro, decidió subirla en su carro de oro y raptarla. Huyó con ella hasta el norte de África y, una vez en la región de Libia, regaló el dios Apolo a la cariñosa ninfa un terreno que, desde entonces, se denominaría la región de Cirene. Además, ambos tuvieron un hijo, al que sus padres confiarían a las Musas.

El dios Apolo en el valle de Tesalia

Apolo. Dioses griegos. Mitologia Clasica
Lo cierto es que la muerte de la serpiente Pitón hizo que el protagonista de semejante suceso, es decir, muy especialmente el dios Apolo, tuviera que purificarse. La muerte de la serpiente Pitón confirió al dios cierta impureza de espíritu, pues, a pesar de las muchas interpretaciones en favor de la actuación del dios, sin embargo, existen autores que piensan que Apolo mató a la Pitón por un interés personal -y no porque hiciera daño a hombres y ganado-, derivado de la querencia del dios por tener un oráculo propio; cosa comprensible dadas las dotes de adivino que indudablemente poseía.

Puesto que la serpiente era hija de la madre Tierra, poseía la virtud de emitir veredictos ante determinadas cuestiones que se le plantearan. Por lo mismo, al decir de ciertos mitólogos, desarrollaba tareas de oráculo. Esto convertía al monstruo en enemigo y rival del dios Apolo, de aquí la lucha entre ambos y la posterior victoria de este último. Por lo demás todas las sociedades ancestrales han tenido muy en cuenta el mito de la serpiente -representando el mal y el daño, la oscuridad y el abismo- y el dios poderoso que logra darle muerte, y que simboliza la lucha del mal contra el bien, de la luz contra la oscuridad, del amor contra el odio...

Para cumplir con el rito de su purificación, Apolo sube al carro tirado por blancos cisne -la blancura de los cisnes simboliza la luz y la claridad irradiadas por Apolo- y, aunque en un principio se dirigirá hacia Delfos, sin embargo terminaría por asentarse en un plácido y verde valle situado entre las dos míticas montañas de Ossa y Olimpos. Aquí llevó a cabo el dios Apolo su purificación y, desde entonces, ese idílico y paradisíaco lugar será conocido con el nombre de "Valle de Tesalia".

Apolo, dios personificacion del sol y de la luz

El mito de Apolo, el dios de las profecias
Hay otras versiones más poéticas del pasaje que muestra al dios Apolo acabando con la serpiente Pitón. Tales interpretaciones conciben semejante suceso siempre en relación con una especie de simbolismo que habría que desvelar, en cuyo caso llegaríamos a una explicación un tanto atractiva del mito y, en todo caso, hasta más real.

En tal sentido se dice que ese monstruo, esa enorme serpiente Pitón era una forma antropomórfica, elaborada por los propios mortales, para explicar las crecidas del rápido torrente que cruzaba, con ensordecedor ruido, toda la región en donde se desarrollaron los míticos sucesos.

Al finalizar la estación invernal, y con la llegada de la primavera, el caudal del hasta entonces insignificante arroyo que, naciendo en la cumbre del monte Parnaso, cruzaba los valles y montañas de Delfos, aumentaba considerablemente, en parte debido al deshielo. Formaba cascadas de gran altitud y se introducía con estrépito por entre las terrazas del propio anfiteatro de Delfos y, al propio tiempo, describía mil vericuetos -visibles unos, ocultos otros-; todo ello contribuía a la formación de un cauce irregular e incontrolado. El lecho del torrente se hinchaba sobremanera y, desde una perspectiva lírica, se asemejaba al despertar de una enorme serpiente dispuesta a no dejarse dominar por ningún mortal.

Solo la presencia del Sol, allá arriba, lograría mermar, con el poder calorífico de sus rayos, el desbocado caudal del torrente. Nos hallamos ya en el estío y Apolo -la personificación del Sol y de la luz- se dispone a frenar, hasta agostarlo, aquella movilidad exacertada del torrente y de sus desbocadas aguas. El dios, Apolo, ha vencido a la serpiente Pitón, pues donde había un crecido río, apenas ahora se distingue un insignificante regato. Los rayos del sol simbolizarían las flechas que Apolo envía con fuerza inusitada, lo cual indicaría que nos hallábamos ya en pleno verano, contra las, hasta aquí, abundantes aguas del torrente. El resultado será la muerte de éste -el torrente- a manos de aquél -el Sol, es decir, la personificación del dios Apolo-; y, así, se cumplen los vaticinios de los cantores de himnos, cuando se refieren a la muerte de la Pitón por Apolo: "No; la muerte cruel no podrá ser apartada de ti (...), te pudrirás ahí, bajo la acción de la tierra negra y del brillante Sol".

Flecha de amor y dardo de desamor

Dios Apolo – Mitos y Leyendas
No obstante la destreza y tino que Apolo había demostrado con su arco, y el efecto que sus flechas causaron en aquel monstruo que impedía con su sola presencia horrorosa la entrada a la gruta del oráculo de Delfos; sin embargo, y debido a una especie de arrogancia y prepotencia que, tan real como la vida misma, siempre acampana a quienes se creen superiores a los demás, o a quienes detentan determinados poderes, políticos o sociales... Lo cierto es que Apolo, envalentonado por la hazaña realizada al dar muerte a la serpiente Pitón, no se paró en mientes y un nefasto día para él insultó al dios del Amor, al certero Cupido, pues nadie como él sabe dirigir las flechas al lugar deseado.

Oigamos, al respecto, la narración de Ovidio: "Porque Apolo, presuntuoso de su éxito sobre la serpiente Pitón, viendo a Cupido con el apercibido carcaj, le amonestó: Dime, joven afeminado: ?qué pretendes hacer con esa arma más propia de mis manos que de las tuyas? Yo sé lanzar las flechas certeras contra las bestias feroces y contra los feroces enemigos. Yo me he gozado mientras veía morir a la serpiente Pitón entre las angustias envenenadas de muchas heridas.

Conténtate con avivar con tus candelas un juego que yo no conozco y no pretendas parangonar tus victorias con la mías. Sírvete tú de tus flechas como mejor te plazca -respondió el Amor- y hiere a quienes te lo pida tu ánimo. Mas a mí me place herirte ahora. La gloria que a ti te viene de las bestias vencidas me vendrá a mí de haberte rendido a ti, cazador invencible".

Después de terminar su discurso, Cupido se dirigió hacia el monte Parnaso y, una vez allí, cargó dos flechas con el fruto del amor y la pasión en una, y en la otra, por contra, el abultado desdén. Las lanzó con gran tino y la primera se clavó en el pecho de Apolo, mientras la segunda alcanzó a la ninfa Dafne.

De este modo, la pasión de uno -en este caso Apolo- se estrellaría siempre contra el desprecio -latente en Dafne- del otro. Ante los requerimientos del dios, la ninfa respondía indefectiblemente con el repudio y la huida.

"!Espérame, hermosa mía! - clamaba Apolo -. !Espérame! !Que no soy ningún enemigo de funestas ideas! !Húyale el cordero al lobo, el ciervo al león y la paloma al águila, porque sus enemigos son; pero no me huyas, porque únicamente el más inmenso amor me impulsa!"

-En vano clamaba Apolo; inútiles resultaban sus súplicas y sus ruegos, pues Dafne -debido a la influencia del certero dardo de Cupido- no reparó en él ni un instante siquiera.

Las lamentaciones de Apolo no parecían propias de un dios tan valeroso y victorioso como hasta entonces se había aparecido ante él mismo y ante los demás. La flecha del desamor, que Cupido le había clavado en el centro mismo de su corazón, estaba produciendo el efecto deseado por el certero arquero.

Apolo y las hojas de laurel

Apolo, dios de la belleza
Reflexionaba Apolo sobre todas las cualidades de las que estaba adornado, y no hallaba fallo ni tacha ninguno en su propia persona. Acaso ya no se acordaba de su arrogancia para con el "afeminado Cupido". Cuanto más se miraba a sí mismo, menos veía sus posibles fallos. Finalmente, y muy a su pesar, Apolo no pudo conseguir el amor, ni el afecto de Leto, la cual se transformó en árbol, concretamente en un laurel que, por otro lado, se convirtió en el símbolo de Apolo y sus victorias, El relato de Ovidio nos da cuenta exacta de los avatares del dios y de la ninfa:
"Hijo de Júpiter soy, y adivino el porvenir y soy sabio del pasado. Yo inventé la emoción de acotar el canto al son de la lira; mis flechas llegan a todas partes con golpes certeros. Mas, ¡ay!, que me parece más certero quien me dio en mi blanco. Siendo el inventor de la medicina, el universo me adora como a un dios bondadoso y benefactor. Conozco la virtud de todas las plantas.... pero ¿qué hierba existe que me cure la locura de amor? Se conoce que mis méritos, útiles para todos los mortales, únicamente para mí no tienen poder ni prodigio.

Mientras hablaba así logró Apolo acortar la distancia que les separaba: pero Dafne de nuevo huyó ligera... con hermosura acrecentada. Sus vestidos volados y semicaídos... Sus cabellos dorados y flotantes...

Divina, sí. Debió pensar Apolo que más le valían que las melodiosas palabras, en aquella ocasión, los pies ligeros... y arreció en su carrera. Y fue aquello... como una liebre perseguida por un galgo en campo raso, espectacular y definitivo. ¿La alcanza? ¿No la alcanza? Ya los varoniles dedos rozan las prendas femeninas... ¡Y cómo palpita el corazón entonces...!

Llegó Dafne a las riberas del Paneo, su padre, y le dijo así desconsolada: " ¡Padre mío si es verdad que tus aguas tienen el privilegio de la divinidad, ven en mi auxilio... o tú, tierra, ¡trágame... porque ya veo cuán funesta es mi hermosura..."

Apenas terminó su ruego, fue acometida por un espasmo. Su cuerpo se cubre de corteza. Sus pies, hechos raíces, se ahondan en el suelo. Sus brazos y sus cabellos son ramas cubiertas de hojarasca. Y, sin embargo, ¡qué bello aquel árbol! A él se abraza Apolo y hasta parece que lo siente palpitar. Las movidas ramas, rozándole, pueden ser caricias. "Pues que ya - sollozó - no puedes ser mi mujer, serás mi árbol predilecto, laurel, honra de mis victorias. Mis cabellos y mi lira no podrán tener ornamento más divino. ¡Hojas de laurel! (...) Cubriréis los pórticos en el palacio de los emperadores y reyesjarán de aparecer verdes".

Juegos Pitios

Dios Apolo. Mitologia griega
La niñez del dios Apolo transcurrió con cierta rapidez y apenas existe en ella dato alguno digno de encomio, aunque se adivinaba en sus gestos el talante activo y guerrero que, con posterioridad, le llevaría a resolver determinadas situaciones haciendo uso de útiles como el arco y las flechas, los cuales quedarían como significativos atributos de su personalidad y de su poder.

La primera de las hazañas que Apolo realizará es aquella que tuvo como desenlace la muerte de un reptil que se movía por los campos de Tesalia y causaba entre sus moradores miedo y pánico.

Según la leyenda, este fiero animal formaba parte de los diferentes monstruos que se generaron de la confluencia del limo o barro, producido por las aguas de la tierra y el calor reverberante desprendido por el Sol.

De entre todos esos monstruos, el más bestial era el feroz reptil que ya hemos citado. Se trataba de una enorme serpiente a la que todos temían debido a su terrorífica presencia y a los desmanes que producía entre los humanos y sus cosechas y propiedades. Recibía el nombre de serpiente Pitón y, según nos cuenta Ovidio en "Las Metamorfosís", cayó muerta y destrozada bajo las flechas de Apolo "y por cuyas mil heridas salió la venenosa sangre. Mucho tiempo después, el recuerdo de esta singular victoria dio origen - por voluntad del mismo Apolo, enorgullecido por su valerosa hazaña - a unos solemnes juegos que recibieron el nombre de Pitios y en los cuales el vencedor, bien en la lucha, bien en la carrera pedestre o en la conducción de carros, merecía una corona de hojas de encina porque aún no las había de laurel, y porque las coronas con que Apolo se adornaba estaban hechas con las hojas del árbol más cercano al lugar en el que él estaba".

La fuerza y destreza de Apolo fueron debidas a los cuidados que la diosa Temis le prodigó desde niño. Merced a ello, se convertiría pronto en un joven apuesto, fuerte y ágil de movimientos. La diosa le alimentó con la ambrosía y el néctar que constituían el manjar propio de los dioses del Olimpo. Además, en el momento de nacer Apolo, la tierra de la itinerante isla de Delos se cubrió de una amplia capa de gránulos de oro y a ella acudieron los cisnes sagrados enviados por Zeus, y que dieron siete vueltas a la isla, y condujeron el hermoso carro que transportaría al dios Apolo hasta el grandioso territorio de Delfos, lugar en el que se asentará, desde entonces, el oráculo de Delfos que se hallaba, guardando la vetusta y oscura gruta que hacía de entrada al territorio del Oráculo, la serpiente Pitón que Apolo acribillaría con sus temibles dardos. Según cuentan los narradores de mitos, el nombre "Pitón" significa "pudrir" y el célebre Himno de Apolo recoge el sentido de este concepto: "Púdrete ahora ahí donde estás sobre la tierra nutridora de los humanos".

También por entonces fue cuando Zeus puso en manos de Apolo la mitra y la lira, que se constituirían en sus símbolos visibles y reconocidos.

Apolo-Leto (madre de Apolo)

Apolo Leto, la madre de un dios
El origen y nacimiento del dios Apolo se halla rodeado de un halo legendario que se presta a ser descrito por los cantores de mitos de una manera bastante lírica.

Se decía de él que conducía el carro del sol, con lo cual se quería indicar que era la deidad de la luz y de la claridad. Y, también, que había sido traído al mundo por su madre Leto en una lejana isla de nombre Delos (= "brillante"). Después de recorrer lugares y sitios en los que sus gentes la acogieran para dar a luz, Leto, perseguida por la celosa diosa Hera, por haber accedido aquélla a las pretensiones afectivas de Zeus, arribó a una isla hasta entonces móvil y errática.

Según cuentan las leyendas, en el único árbol de su terreno yermo, se agarró Leto para aguantar los dolores del parto, los cuales le duraron nueve días. De este modo nacieron Apolo y su hermana Artemisa (Diana).

Desde entonces, la isla quedó para siempre fijada en el lugar exacto en el que acogió a Leto y su hermoso fruto, ya que el poderoso Zeus, padre de las criaturas, construyó unas hermosas y profundas columnas mediante las cuales aquel terreno quedó para siempre amarrado al fondo de los mares. Y convertido, además, en uno de los más idílicos lugares que imaginarse pueda la mente humana, ya que su arquitecto y hacedor fue el gran Zeus, rey del Olimpo y de cuantos en él habitan.

Nunca más la oscuridad cubriría el cielo que limita la isla de Delos, denominada, a partir de entonces, la "brillante". Y es que en ella no sólo habían estado todas las deidades del Olimpo para ser testigos del nacimiento de Apolo, sino que, además, éste, considerado como la verdadera luz y el mismo Sol, vino al mundo en tal recóndito y, hasta entonces, desconocido lugar.

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