
Sentí de nuevo el aire gélido en mi rostro, aquel olor a incienso, aquella sensación que me atraía...
Desperté embelesada y a la vez asustada, como cuando se tiene una pesadilla.
Aún medio dormida salí a mi balcón, toqué la fría piedra, cerré mis ojos y reconocí un sentimiento en mi interior, un sentimiento antiguo pero que llenaba todo mi ser, sentí el miedo más puro en mi interior pero, a la vez mi corazón deseaba poder volar y llegar hasta aquel sentimiento, atraparlo y tenerlo conmigo eternamente... Cuando de nuevo, abrí mis ojos vi la oscura noche, la luna era inmensa, creí poder llegar a tocarla con mis dedos como siempre había deseado; bajo mi balcón, en el cual me pasaba las noches soñando despierta, vi el camposanto, sentí la necesidad de bajar y tocar el frío y pálido mármol y preguntarle a la urbe funeraria que se sentía al estar allí, eternamente dormida.
Entré de nuevo en mi cuarto, asustada por aquellos hórridos pensamientos y deseos que me habían acorralado.
No pude dormir, como tantas otras noches en las que solo la luna era testigo de mi insomnio, decidí hacer lo único que realmente me llenaba y tranquilizaba, comencé a tocar una melodía que desde niña escuché en mi mente, (cuando, como ahora no podía dormir) y que me había dejado marcada para siempre, mi violín tocaba solemne la extraña y atrayente melodía que me hacía recordar tiempos pasados, mientras tocaba, las lágrimas nublaron la vista de mis oscuros ojos y resbalaron por mis mejillas, pero no dejé de tocar. Tras largo rato sentí una corriente de aire, el ventanal de mi balcón estaba abierto y un terrible frío entro en mi lúgubre habitación, haciendo que las aterciopeladas cortinas ondearan con aquella sobrenatural brisa.
Una oscura sombra aterrizó en mi balcón, el cual había sido testigo de mis mas oscuros secretos y anhelos, apenas había percibido aquella presencia, cuando el mismo aire gélido penetro en mi corazón.
Dejé de tocar mi violín, al notar la presencia de un ser muy poderoso, alguien me tocó el hombro y cuando me giré le ví, era él, desde niña había soñado con su rostro, y muchas noches me hablaba en sueños, entonces le reconocí, no sabía su nombre pero nos conocíamos de toda la vida, e incluso de muchos siglos atrás... Llevaba una oscura capa que envolvía todo su cuerpo y su cabello negro azabache estaba suelto y el viento lo mecía suavemente, se acercó a mi, sus movimientos eran gráciles parecía no tocar el suelo al caminar.
Cuando me miró directamente a los ojos y me ví reflejada en ellos, tuve miedo y sentí un frío pero embriagador sentimiento, le amaba.
Desee besarle, acariciarle y estar lo más cerca posible de él, pero algo me paralizaba y me impedía moverme; para él no tenía secretos, sabía todo acerca de mí.
Cuando pronunció mi nombre con aquella voz tan aterciopelada y anhelante, simplemente sentí el dolor, él había sufrido al no estar cerca de mí. Una lágrima de sangre resbaló por su pálido rostro, sus ojos azules, hipnotizantes, se tiñeron de rojo, cuando me abrazó sentí el recuerdo de una vida pasada, vi los pasillos de un castillo iluminados por la pálida luz de las velas...Sentí la frialdad de aquel sitió, le sentí a él.
Cuando nos separamos, sus ojos seguían emanando sanguinolentas lágrimas, sentí una irremediable necesidad de beber de aquellas lágrimas tan... inhumanas; toqué su pálido rostro, tan frío como el mármol de aquellas tumbas que reposaban bajo mi balcón y que eran testigos de la infinita y oscura pasión que nos unía. Toqué una de sus lágrimas e instintivamente aparté mi mano de su rostro, me quedé embelesada mirando como la sangre resbalaba por mis dedos, e intenté llevarme la mano a mis labios para pobrar su sabor, el quiso impedirlo, me agarró fuertemente el brazo, pero se detuvo y una suave sonrisa asomó de sus labios.
Cuando probé por fin su sangre, sentí como me invadía una sensación oscura, un placentero frío, supe que mi alma le pertenecía para siempre.
Besé sus fríos y mortecinos labios, el correspondió a aquel beso, y supe que él me deseaba y me amaba como nunca había amado y deseado a nadie, acarició mi negro y lacio cabello que en tanto tiempo había anhelado volver a tocar, me estremecí al sentir sus manos heladas tocarme y me deje llevar por aquel deseo...
Le pedí que bebiera de mi sangre, deseaba que lo hiciera, quería saber lo que se sentía.
Él parecía no escucharme, apartó mi largo cabello y dejó al descubierto mi cuello, mi corazón latía, sabiendo lo que iba a acontecer en aquellos instantes. Besó mi cuello lentamente, sentí su lengua rozar mi piel y al instante mordió y comenzó a succionar mi sangre lentamente, sentí como desfallecia, sentí un placer infinito y me deje llevar por aquel dolor tan placentero.
La sangre resbalaba por mi blanco camisón de seda, él me abrazaba para no dejarme caer, yo estaba muy débil, cuando sentí que la dulce muerte me llevaba, no dude en ir hacía ella ya que amaba aquella forma de morir, me dejé morir a manos de mi príncipe vampírico. Pero sabía que él, no me abandonaría, no me dejaría descansar eternamente, no me condenaría por mucho que yo lo deseara.
Me desmayé, el tiempo pasó no sé cuanto, me abandone a él y me dejé llevar por el oscuro amor que sentía.
Desperté en mi cama, arropada en mis cálidas sábanas de seda, una sensación de vació me inundaba, él me había dejado sola, mi camisón ya no estaba manchado con sangre, miré en mi espejo para ver si en el cuello tenía la marca de su mordisco... ¡nada! ¿Acaso había sido un sueño? Nada tenía sentido, si ya no volvía a sentir su presencia, a poder besarle o desfallecer mientras bebía de mi sangre, si ya no podía estar con él nada me quedaba, sentí las lágrimas en mi rostro, decidí morir, decidí abandonar la efímera vida.
Salí a mi balcón, miré a la luna, nunca más vería su luz entrar por el balcón, nunca más tocaría melodías para ella con mi violín.
Cuando me precipite desde mi balcón, me sentí feliz, sabía que morir sería lo mejor para borrar el dolor de la ausencia de aquel oscuro ser que me había robado el alma.
Pero no fue así, antes de caer algo me abrazó y de nuevo, la sensación de gélido frío se apoderó de todo mi ser.
Cuando abrí mis ojos, supe que él había impedido que yo muriera, estábamos volando por encima del cementerio, le miré a los ojos de nuevo y me perdí en aquella mirada helada.
Jamás te dejaré morir-me dijo-yo te arroparé en mi sueño eterno. Apoyé mi cabeza en su hombro, mientras veía como nos alejábamos del balcón de fría piedra que había sido testigo de mis sueños, pero ahora mi sueño era él, por fin como había deseado desde niña podré llegar a tocar la luna- pensé antes de quedarme dormida y abandonarme a su frío abrazo.
Erizo Comun