Recorriendo el mundo de la fantasía

Recorriendo el mundo de la fantasía. Imágenes de hadas, ninfas, elfos, duendes, seres mitológicos (egipcia, griega, romana, nórdica...), ángeles, guerreros, vikingos, cruzados, templarios, valkirias, amazonas, brujas, hechiceros, druidas, dragones, dioses, demonios, vampiros, animales, licántropos (hombre lobo), sirenas, unicornios, espíritus...

La Cancion del Diablo

“Se me ocurrió que él únicamente tenía una comida, mientras que yo disponía de una historia que podía contar como propia y que me reportaría una cantidad de dinero equivalente a muchas veces el coste de la comida”

- Isaac Asimov, Azazel: el demonio de 2 centímetros.

Demonio (Demon, Hell)Me dirigía hacia el encuentro con el entrevistado en el sillón donde pegaba el sol en un autobús atestado. Me muevo habitualmente en autobús porque soy un acérrimo defensor del transporte público de masas y porque no tengo coche ni carné de coche.

Al llegar a mi parada luche a brazo partido con la gente que entraba y salía, creando una serie de mareas y rebufos que me amenazaban seriamente con atraparme y obligarme a desandar a pie el camino extra. Al fin lo logré.

Al poner el pie en el suelo respiré profundamente y busqué en el bolsillo de mi gastada chaqueta un paquete de tabaco, del que extraje un último y arrugado cigarro. Hice una bola con el paquete y lo lancé al suelo, mientras que con mi otra mano encendía aquel pequeño cilindro de placer maligno.

Un par de cientos de metros me separaban de la cafetería donde había concertado una cita mi jefe con el entrevistado. Me hallaba yo, por avatares del destino que no es perentorio explicar, en una situación laboral, digamos, precaria. Tanta era la presión de la soga alrededor de mi gaznate que me había visto obligado a aceptar un trabajo en un periódico de novena fila, de esos que ponen titulares como “Un extraterrestre se comió a mis gatos” y cosas así. Llevaba en él dos meses y en aquel tiempo me había encontrado con toda clase de personas. Miento. Me había encontrado con una sola clase de persona: chiflados. Sin embargo, trabajar hasta altas horas con un sueldo mísero, tratar de entrevistar a visitantes de otros mundos, dormir poco, beber café aguado y soportar a un jefe que era seguramente peor que los tipos con los que me encontraba no podían tener todo malo: Allí no tenía que contrastar las noticias. Cualquier cosa valía. Y si no, podía inventármelas.

Enseñanza Budista. El Valor del Anillo del Maestro Zen

Anillo de oroVengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?

El maestro, sin mirarlo, le dijo:

—Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás después... y haciendo una pausa agregó: —Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.

—E...encantado, maestro— titubeó el joven, pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas.

—Bien— asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho, agregó: —toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete ya y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.

El joven tomó el anillo y partió.

Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo.

Enseñanza Budista. El Ataque al Maestro Zen

El Ataque con Lazan al Estomago del Maestro ZenCierto señor que había estudiado Zen con Bankei era joven y aficionado a las artes marciales. Un día decidió probar las tripas del maestro atacándole repentinamente con una lanza mientras éste estaba tranquilamente sentado.

El maestro Zen, con calma desvió el ataque con su rosario. Después dijo al señor: "tu técnica no está todavía madura; tu mente actuó primero".

Enseñanza Budista. La Flor y la Risa del Ch'an

Sidarta Gautama, más conocido como Buda Gautama, Sakiamuni, o simplemente el Buda, fue un sabio en cuyas enseñanzas se fundó el Budismo. Nació en la ya desaparecida república Sakia en las estribaciones del Himalaya, enseñó principalmente en el noroeste de la India.Buddha iba a dar una charla especial, y miles de seguidores habían venido desde muchos kilómetros a la redonda. Cuando Buddha apareció tenía una flor en su mano. Pasaba el tiempo y el maestro Buddha no decía nada; estaba sentado y simplemente miraba la flor. La muchedumbre se impacientaba pero Mahakashyapa, quien no pudo aguantarse más, comenzó a sonreír.

Buddha le hizo una señal para que se acercara, le entregó la flor y le dijo al gentío: "Tengo el ojo de la Verdadera enseñanza. Todo lo que se pueda dar con palabras ya se los he dado. Pero con esta flor, le doy a Mahakashyapa la llave de la enseñanza".

Esta historia es una de las más significativas, porque desde allí se transmitió la tradición Ch'an. Buddha fue la fuente, Mahakashyapa fue el primer maestro y esta historia es la fuente desde donde toda la tradición (una de las más bellas y vivas que existen en la Tierra, la tradición Ch'an), comenzó.

Mahakashyapa se rió de la estupidez del hombre. La gente inquieta pensando: "¿A qué hora se va a levantar Buddha y dejará ese silencio para que podamos volver a casa?". Él se rió, y la risa comenzó con Mahakashyapa y ha seguido y seguido en la tradición Ch'an. No hay ninguna otra tradición que pueda reír. En los monasterios Ch'an, los monjes han estado riendo, riendo y riendo...

Mahakashyapa se rió, y su risa incluía muchas dimensiones.

Una dimensión era la estupidez de toda la situación, de un Buddha en silencio, nadie que lo entienda y todo el mundo esperando que hable. Toda su vida Buddha había estado diciendo que la Verdad no puede ser dicha, aun así, todo el mundo esperaba que hablara.

En la segunda dimensión él se rió de Buddha también, de toda la situación dramática que había creado, sentado allí en silencio con una flor en la mano, mirando la flor, creando intranquilidad e impaciencia en todos. Ante ese gesto dramático de Buddha, el rió y rió.

Leyenda Oriental - El Samurai Mendigo. Paraiso e Infierno

Las cualidades básicas de los guerreros samuráis eran la lealtad, el honor, la audacia y la frugalidad, y llevaban una vida rígidamente disciplinada y amenazada por la muerte. La katana o daito (espada) era considerada como el alma del samurai, y por ello practicaban el arte marcial del kenjitsu; pero, además, conocían las técnicas de defensa personal del jiu-jitsu. También utilizaban el wakizashi que era un arma auxiliar, más bien una espada corta o mediana que servía para ejecutar el harakiri.Cierto día se presentó un samurái en busca de la enseñanza del maestro Zen Hakuin.

—¿Existen en verdad el infierno y el paraíso?—, preguntó el samurái.

—¿Quién eres tú?

—Soy un samurái.

—¡Tú, un guerrero! Pero mírate bien. ¿qué señor va a querer tenerte a su servicio? Pareces un mendigo.

Tal fue la furia del samurai que comenzó a desenvainar su sable. Entonces Hakuin dijo: —¡Pero si tienes incluso un sable! Pero seguro que eres demasiado torpe para cortarme la cabeza.

Entonces el samurái levantó el sable dispuesto a cortar la cabeza del maestro. Hakuin dijo:

—Aquí se abren las puertas del infierno.

Sorprendido por la respuesta del monje, el samurai envainó el sable, y se inclinó ante él.

—Aquí se abren las puertas del paraíso.

Relato de un Monasterio Chino - Maestro Zen. Obediencia

A las charlas del maestro Bankei asistían no solo estudiantes de Zen, sino personas de toda condición y creencia. Bankei no recurría jamás a citas de los Sutras, ni se enzarzaba en discusiones escolásticas. Sus palabras le salían directamente del corazón e iban dirigidas a los corazones de sus oyentes.

Maestro ZenSus largas audiencias acabaron irritando a un sacerdote de la escuela Nichiren, cuyos adeptos le habían abandonado para ir a oír hablar de Zen. Cierto día, este egocéntrico sacerdote se encaminó hacia el templo donde disertaba Bankei, con el propósito decidido de entablar con él un duro debate.

"¡Eh, tú, maestro Zen!" gritó. "Atiende a esto. Quienquiera que te respete te obedecerá en cuanto digas, pero un hombre como yo no te profesa respeto alguno. ¿Cómo puedes hacer que te obedezca?".

"Acércate a mi lado y te lo mostraré", dijo Bankei.

Orgullosamente, el sacerdote avanzó entre la multitud hasta llegar al lugar ocupado por el maestro. Este sonreía. "Colócate a mi izquierda".

El sacerdote obedeció.

"No, espera", se retractó Bankei. "Hablaremos mejor si estás a mi derecha. Ponte aquí".

El sacerdote se dirigió altivamente hacia la derecha.

"¿Lo ves?" observó entonces Bankei. "Estas obedeciéndome, y la verdad es que pienso que eres una persona muy dócil. Ahora siéntate y escucha".

Historia China - La Taza Vacia de Guerrero

Según una vieja leyenda, un famoso guerrero fue de visita a la casa de un maestro Ch'an. Al llegar se presenta a éste, contándole de todos los títulos y aprendizajes que ha obtenido en años de sacrificados y largos estudios.

Maestros chinos budistasDespués de tan sesuda presentación, le explica que ha venido a verlo para que le enseñe los secretos del conocimiento Ch'an.

Por toda respuesta el maestro se limita a invitarle a sentarse y le ofrece una taza de té.

Aparentemente distraído, sin dar muestras de mayor preocupación, el maestro vierte té en la taza del guerrero, y continúa vertiendo té aún después de que la taza está llena.

Consternado, el guerrero le advierte al maestro que la taza ya está llena, y que el té se escurre por la mesa.

El maestro le responde con tranquilidad "Exactamente señor. Usted ya viene con la taza llena, ¿cómo podría usted aprender algo?".

Ante la expresión incrédula del guerrero el maestro enfatizó: " A menos que su taza esté vacía, no podrá aprender nada".

Taza vacía para poder degustar el té que nos ofrecen; mente vacía y predispuesta a comprender desde la ignorancia y no desde nuestro previo conocimiento.

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